|
Veintitrés
Me sucede como una circunstancia
trágica el ánimo en Diciembre
que me aprisiona en recuerdos
y en una absurda impotencia.
Cuento los años y todo lo que hice
o dejé de hacer desde entonces
y hago la sumatoria ineludible
donde ingresan los logros,
los fracasos, las penas,
las alegrías.
Trazo la raya y me encuentro
con mis canas, mi lento andar,
las cosas que fueron, las que
por mucho que quiera no serán.
Luego me detengo al descubrir
que en ningún sitio del balance
he colocado la vida.
¡Nada más ni nada menos
que la vida!
La que tuve, la que tengo,
la que espero tener mañana.
Cuando mi amigo Lorenzo
cuenta que hace veintitrés años
habían entonado la Marcha Peronista
en los pabellones
como un abrazo de despedida
a los que se iban para no volver,
me quedo sin respuestas.
Iré una vez más, para juntarnos
mirarnos, reconocernos,
tocarnos y cubrirnos con el poncho
de los afectos,
sabiendo que tenemos la vida.
Que ellos, ese fatídico
trece de diciembre, la perdieron,
sin que hayan tenido
la oportunidad de defenderla,
excepto cuando dijeron:
¡Oh!
¡Juremos con gloria morir!
Resistencia, diciembre de 1999
|